No és perquè haja caigut en divendres, que un poc també. Ni perquè no hi hagen molts altres sons no organitzats –incloent-hi els del silenci-- que, com li suceeix a la majoria de les persones, em resulten agradables, evocadors, encorajadors o relaxants: la cadència de les ones, la pluja sobre la teulada i el vent entre les fulles, la dolçor d’una veu amiga o (potser el meu preferit) la remor de l’aigua en un rierol de muntanya. Fins i tot --sóc valencià-- arribaria a considerar, dins aquesta categoria, l’estrèpit del tro o de la pòlvora en determinats moments i circumstàncies. Però si més no en el meu cas, quan es tracta de plaer i d’oïda, no hi ha cap dubte: hi ha d’haver, necessàriament, la música. O potser caldria dir, amb més propietat, les músiques. Bon cap de setmana!
"Tenía la costumbre de descansar de sus esfuerzos y sus éxtasis escuchando otra pieza de música que era breve, pero que tenía una magia concentrada, un contenido mucho más pálido. Era un idilio, pero un idilio refinado, pintado y formado con medios, a la vez discretos y complicados, de un arte más moderno: era un fragmento de orquesta sin canto, un preludio sinfònico de origen francés, realizado con un aparato orquestal relativamente sencillo con relación a los recursos de la época, pero bañado por todos los lados de una sabia y moderna técnica sonora y sublimemente hecho para capturar el alma y envolverla en una red de sonidos.
Lo que soñaba Hans Castorp al oir aquella pieza musical era lo siguiente: se hallaba tendido de espaldas en un prado soleado y sembrado de flores, en forma de estrellas, de todos los colores. Tenía las piernas cruzadas (hay que advertir que eran patas de macho cabrío). Sus dedos tocaban para su propio placer, pues la soledad del prado era completa, una pequeña flauta de madera, una especie de caramillo del cual salían sonidos apacibles y nasales, uno después de otro, al azar, y, sin embargo, en una armonía perfecta, y aquellos sonidos se elevaban hacia el cielo azul, bajo el cual los finos follajes ligeramente agitados por el viento brillaban al sol."
Thomas Mann, "La montaña mágica"
